En contra de la destrucción indiscriminada de señales de tráfico
Según los estudios, el 90% de las conductoras ha intentado destruir alguna vez una señal de tráfico con su coche. Ahora tocan las preguntas. Queremos que nos cuenten los detalles!! ¿Por qué? ¿Fué la ira después de la reunión de arturo? ¿No te gustaba la señal?

Zer nolako KATXARRO
He aquí el pepigolf que vais a ver aparcado a partir de la semana que viene encima de la acera del parking del curro. Sobran las descripciones.


Te gusta eh, Tuto? (El título digo)
Sobre camareros
¿Qué es lo que nos gusta cuando vamos a comer a un restaurante? Mi experiencia personal me dice que los camareros son, por regla general, un poco ariscos debido a la gran cantidad de horas que invierten en su trabajo y la dureza del mismo. De ahí, que muchas veces cuando les pedimos educadamente un par de cañas, ellos reporten a su compañero con voz ronca y desagradable: “¡¡ Doscervezaaaaas!!. Tiene su encanto, pero no nos gusta.
Nosotros hemos descubierto un nuevo tipo de camarero. Es sensible, amable, simpático, educado, atento, en definitiva, un camarero del siglo 21. Un camarero maricón. Si señores, detrás de ese aspecto desmejorado, se esconde una persona que se desvive por sus clientes, se preocupa de que la comida y el servicio sea de nuestro agrado, y nos trata con un cariño especial. Claro está, que no con todos lo hace de la misma manera, del mismo modo que un tío no trata igual a una tía a la que quiere meter fichas o a una, que por la razón que sea, no entre en sus planes cortejar.
Esto lo vimos hace tiempo tres personas, cuando decidimos ir a comer al restaurante Fuenente, sito en las inmediaciones del parque, para nutrir nuestros cansados cuerpos y mentes (durante aquella semana sufrimos un overtime de - 4 horas, con un ritmo de trabajo realmente frenético). El desarrollo del acto fue exquisito: buena comida, ambiente selecto, música adecuada… pero lo que realmente llamó la atención fue la presencia de aquel camarero, su mirada, sus movimientos, su atención. Lo tenía todo. Pero no era igual con todos. En la escena estábamos tres personas completamente diferentes:
- Iarine: Una chica simpática, alegre, quejica y muchas más cualidades que me llevarían toda la mañana enumerar, pero que no interesaba al camarero en el plano sexual. Sin embargo había cierto grado de camaradería debido a identificación con un mismo sexo.
- Runeb: Un joven apuesto, inteligente, educado, creativo, progresista, culto, que nunca ve un vaso medio vacío, siempre lo ve grande y libre. Esta persona fue el centro de atención de nuestro camarero.
- Kiek: Un chico del montón, sin nada en lo que destacar, con un intelecto más bien escaso y una presencia que deja mucho que desear. En fin, invisible al lado de la grandeza de Runeb. Es por esto que no fue el centro de atención del camarero.
Después de la comida pudimos contemplar tres actitudes completamente diferentes según salíamos del comedor al ir pagando la factura. Para Iarine, saludo amable y pequeña caricia en la mano indicando cierto grado de camaradería que solamente dos mujeres pueden tener. Para Kiek, saludo educado sin ningún tipo de interés. Para Runeb, caricias eróticas, mirada lujuriosa, pasión ilimitada y número de teléfono. Para todo lo demás, Mastercard.
ESPARRAGOS DE NAVARRA: Travesía del desierto (I)
¡Oh! ¡Ya no podía engañarse! Tenía que hacer algo. El aparato no paraba de vibrar y su hija podía
aparecer en cualquier momento. Miró alrededor. No sabía qué hacer. En un arrebato, tiró el aparato en el cubo de la ropa sucia, se santiguó y se marchó del lugar del crimen con el cubo a cuestas. El cubo emitía un zumbido mientras Hermina, con el corazón desbocado, se encerraba en el sótano.
Apartó las sábanas y allí estaba. No paraba de vibrar. Tanteó la superficie del aparato buscando un botón que acabara v con aquél infierno. Se sentía pecaminosa y sucia, pero no podía dejar aquello funcionando. En uno de sus intentos, sondeando la parte trasera, el espárrago cesó su movimiento. Herminia se santiguó otra vez. Una y mil veces. Dio gracias a Dios.
Subiendo las escaleras que llevan a la cocina, Herminia vio seguro el lugar donde había colocado el espárrago, pero la preocupación original vuelve a invadirla y sabe que no la abandonará durante un tiempo. ¿Qué podía hacer? ¿Cómo podía su hija haber perdido el rumbo de esa forma?
El resto del día Herminia no pudo mirar a su querida hija a la cara. Apenas podía evitar que su imaginación dibujara la escena en la que Esnetafía usaba el aparato. ¡Dios, qué vergüenza! La noche no fue mejor. No podía dormir. Los pensamientos se agolpaban en su cabeza y las lágrimas se abrían camino irremediablemente. Sin embargo, tanta tensión pasó factura y Herminia cayó en un breve pero profundo sueño.
Herminia está trabajando en la huerta. Esnetafía retoza junto al perro. Ella tiene tres años. Mira a su madre y sonríe. Se acerca y le da un beso en la mejilla. Mira en qué está trabajando Herminia y se ofrece a ayudar. La madre le enseña cómo recoger los espárragos de la tierra. Ése año son especialmente gordos y derechos.
— Tienes que buscar las puntas como hago yo, Esneti.
— ¿Así?
— Sí, tira de ellas con cuidado. Debajo está el premio. Hay que tener paciencia y hacerlo con delicadeza, sin forzar. Ya irás aprendiendo.
— Sí, mamá, quiero hacerlo tan bien como tú. Me encanta sacar espárragos.
De pronto, los espárragos cobran vida y comienzan a reírse. Se ríen de Herminia. Mire a donde mire hay espárragos. Espárragos riéndose. Risas graves, sonoras, lascivas. Miran a Esnetafía. Crecen. La rodean. Quieren llevársela. ¡¡¡Nooooooo!!!
Herminia se incorpora sobresaltada. Está sudando. Aún retumban las risas de los espárragos en su cabeza. Era un sueño.
CONTINUARÁ…
NOTA DE LOS AUTORES: La historia que acaban de leer está basada en hechos reales. Los nombres han sido modificados y los personajes han sido convenientemente dramatizados para preservar su anonimato.
ESPÁRRAGOS DE NAVARRA: Cuando una madre ve lo que no debe
Era una soleada mañana de verano en un pequeño pueblo de la ribera Navarra. La morada se había quedado vacía y la señora de la casa se afanaba en las labores del hogar. De fondo sonaban en la radio los maitines y junto a la fregadera se apilaban las tazas del desayuno ya limpias.
La señora, Herminia, dejó atrás la cocina y se dirigió a una de las estancias. Tras la puerta encontró la cama sin hacer. Sobre ella, presidía la habitación un crucifijo, único ornamento visible junto con una mesilla visiblemente desgastada por los años. Miró a través de la ventana abierta y sonrió: su hija estaba correteando alegremente al otro lado del cristal. Esnetafía, así se llamaba, jugaba alborozada junto al huerto. Acostumbraba a ayudar a su madre en las labores del hogar, pero Herminia, muy comprensiva, le había dicho: “Sal a jugar hija y disfrutar de este fabuloso día que nos dispensa el Señor ”.
Alisaba cariñosamente las sábanas y ya casi había acabado el precioso embozo cuando su mirada se posó en el cajón entreabierto de la mesilla. Allí sobresalía ligeramente un objeto resplandeciente. Se aproximó para observar más detenidamente aquel extraño. Comprobó con asombro que era incapaz de determinar su esencia. La curiosidad que la embargó era tal que, sin dudarlo un segundo, olvidó el respeto a la intimidad de su hija y abrió el cajón.
¡¿Qué era aquello?! Parecía un espárrago de los de la huerta. No había duda. ¡Pero que pedazo espárrago! Combinaba su forma con la robustez de una roca, el tamaño del brazo de un gitano y el peso de la Biblia que conservaban en el mueble del comedor. Asustada por semejante artilugio y sin querer imaginarse su verdadero propósito, empezó a balbucear: “Dios mío, no puede ser lo que parece! ¡¡¡MI NIÑA NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! Las lágrimas brotaban de sus ojos. No podía contenerse.
Sosteniendo tan lascivo aparato entre las manos enjugado ya por las lágrimas, se sintió sucia y en un arrebato lo soltó. El espárrago cayó al suelo. Un golpe. Dos golpes. Tres golpes. Un silencio atronador. Comenzó a vibrar.
CONTINUARÁ…
NOTA DE LOS AUTORES: La historia que acaban de leer está basada en hechos reales. Los nombres han sido modificados y los personajes han sido convenientemente dramatizados para preservar su anonimato.
Women powah
El 90 por ciento de la gente piensa que el 90 por ciento de las mujeres conducen mal. Moraleja: Es un hecho que las mujeres conducen mal.
Que no corra la sangre al menos hasta terminar de ver los videos.
Kar, gracias por los videos.
Ane, gracias por la teoría del 90%.
Adjunto palabras textuales de Ane que esclarecen la teoría del 90 %:
“Y yo opino que el gusto es subjetivo hasta que el 90% de las opiniones coinciden, entonces se convierte en un hecho. Adjunto ejemplo: si hay un coche en la calle con luces de neon,el 90% de los viandantes creeran que su dueño es un chuntero. Una correcta reflexión.” Isolda.
Pon un neón en tu vida
Aterrado por lo que pudiera pensar el lector de mi prosa ante tal demostración de calidad de Kar, no quiero, por ello, dejar que mi cobardía me domine.
Por lo tanto, me he decidido a escribir este post en defensa de los neones ante la avalancha de críticas surgidas a raíz de la confesión sobre mis gustos en relación al tema que nos ocupa.
Empezaré por desmontar las críticas simplistas y simplificadoras. Existe una mayoría de gente que desprecia los neónes simplemente porque lo incluyen en el concepto “tuning”. Por supuesto, ellos odian todo lo relacionado con el “tuning” por el hecho de serlo y no entran a valorar las innegables cualidades estéticas de algunos elementos que lo componen.
Simplifican. Es más, no sólo reducen todos los elementos del “tuning” como si fueran iguales, sino que también se atreven a meter en el mismo “saco” a toda persona que muestre el más mínimo aprecio o valore lo más mínimo alguno de los componentes que forman parte de toda esta filosofía. A estas inocentes personas las tildan de “chunteros”, les aconsejan cortarse el pelo “a lo cenicero”… Perlas típicas y tópicas.
Hay que reconocer que dentro de la filosofía “tuning”, la capacidad intelectual media no es lo que más destaca, ni las formas, ni la educación, ni el civismo. No obstante, como de toda corriente filosófica, se pueden tomar elementos beneficiosos sin tener, por ello, que asumir de un golpe todo el paquete. Es más, en la mezcla está la riqueza y la independencia, señores.
Por lo tanto, llamo a reflexionar a los lectores de este blog para que, a partir de ahora, sean más tolerantes y vean más allá del concepto “tuning” cuando miran un neón. De hecho, al igual que en la vestimenta, existe todo un arte a la hora de jugar con los colores, la posición, el tamaño… Se pueden conseguir contrastes sorprendentes que mejoren la estética del vehículo tanto por fuera como, si aplica, por dentro. Sin duda, hay que tener cuidado, saber qué se quiere y escoger bien, pero no lo dudéis: poner un neón en vuestra vida puede mejorar en gran medida la apariencia de cualquier vehículo.
Con este post, abro la veda e inauguro un nuevo estilo en el blog: el ensayo. Un ensayo sobre el neón en los coches y la imagen que proyecta.
Dios bendiga al neón.

