staffados

momentos de ocio

Historia de San Valentín: Encontrándote

Érase una vez un mosquito. Un mosquito especial. A diferencia de los demás, a él no le gustaba andar alrededor de la luz ni buscar el calor. Esto, en cierta manera, le aislaba de los demás. Estaba acostumbrado a la soledad y solía volar sólo buscando lugares que explorar. Sin embargo, a pesar de no envidiar la vida de sus compañeros, echaba algo en falta.

Un día, nuestro mosquito encontró una superficie blanca y fresquita e iluminada por una luz tenue donde posarse. Había agua y se dispuso a beber. De pronto, un zumbido intermitente lo interrumpió. Miró hacia arriba. Una mosquita volaba de forma errática dirigiéndose velozmente hacia él. Aterrizó estrepitósamente a unos pocos pasos de nuestro protagonista. Éste se acercó y vio que ella tenía quebrada un ala. La mosquita le miró con ojos llorosos. Para su especie, tener rota un ala era una condena a muerte. Nadie la iba a ayudar y pasaría sus últimas horas sola y sufriendo. Él se sintió identificado. Decidió acompañarla en sus últimas horas.

- Hola, ¿cómo te llamas? Déjame ver eso.

- ¡Déjame! ¿Para qué? ¿No ves que voy a morir? Vete con los demás y déjame aquí.

Ella intentaba aparentar firmeza, pero sus ojos mostraban una desgarradora necesidad de compañía. Siempre había estado rodeada de otros mosquitos, pero, una vez lesionada, todo su mundo había desaparecido. No quería pasar las últimas horas de su vida así.

- No me interesa estar con los demás. Quiero acompañarte. Déjame acompañarte.

Ella asintió levemente. No podía negarse. Lo necesitaba. Comenzaron a hablar. Él contó historias de sus viajes: describía paisajes que había contemplado, personajes con los que se había encontrado, reflexiones que habían surgido de su soledad… Ella escuchaba interesada. Todo era nuevo para ella. Por unos momentos, olvidaba su inminente destino y viajaba por los mundos que él le describía. De vez en cuando ella preguntaba interesada por nuevos detalles. También añadía anéctotas suyas que él agradecía, ya que ese mundo lo había dejado nuestro protagonista atrás hacía ya mucho tiempo. Era fascinante.

Las horas pasaban. La mosquita ya no podía evitar sentir que su cuerpo pronto dejaría de responder.

- Han sido quizá las mejores horas de mi corta vida. Es cruel el destino: nos hemos encontrado cuando ya no hay más remedio que decirnos adiós.

- No podía ser de otra manera, sólo así podríamos habernos conocido. Te puedo decir que, por mucho que pienses que he vivido, siempre te he echado de menos. Siempre te he buscado. Pero yerré el camino. Decidí que para encontrar a alguien especial no podía llevar una vida normal. Y sólo al final te he encontrado, ya sin tiempo para vivir, sólo vidas que recordar. Lo siento.

- No lo sientas. Te queda mucho que vivir. Mucho que conocer.

- No. Por eso estoy aquí. Aquí acaba todo y, sinceramente, no podría acabar mejor: encontrándote.

De repente, la luz ténue se convirtió en vigorosa. Una persona entró en la habitación, se llamaba Kiek. Se bajó la cremallera del pantalón. Estaba de suerte, dos mosquitos para apuntar. Nuestro mosquito abrazó a su compañera y, mirándose a los ojos, fueron arrastrados por el desagüe ahogándose en la oscuridad.

Febrero 14, 2008 - Publicado por donwoofer | Historias | | 3 comentarios

3 comentarios »

  1. Esperanzadora historia. Una lágrima brota y resbala por mi mejilla mientras escribo estas palabras. Ese día esta al caer, el que el destino nos una con nuestra alma gemela…para que Kiek vuelva a tirar de la cadena!

    Comentario por anonimo | Febrero 14, 2008

  2. NOTA del autor: Ya lo sé. Lo siento. El final jode la historia, pero no quería traicionar completamente mi idea original. No, no preguntéis cuál era.

    Muchas gracias, alegre desconocido. Sobre todo por lo de esperanzadora. Será por su final feliz.

    Comentario por donwoofer | Febrero 15, 2008

  3. Ja ja!! Kiek, no eres una buena persona…y luego mi abuela es mala porque quiere matar un perro. Perdona pero tú has eliminado dos vidas de este mundo de un plumazo o mejor dicho de una “riego” jaja. Además mi perra es muy fea (y tiene el apoyo del resto de la familia)

    Comentario por Efnetafía | Febrero 15, 2008


Deja un comentario