ESPÁRRAGOS DE NAVARRA: Cuando una madre ve lo que no debe
Era una soleada mañana de verano en un pequeño pueblo de la ribera Navarra. La morada se había quedado vacía y la señora de la casa se afanaba en las labores del hogar. De fondo sonaban en la radio los maitines y junto a la fregadera se apilaban las tazas del desayuno ya limpias.
La señora, Herminia, dejó atrás la cocina y se dirigió a una de las estancias. Tras la puerta encontró la cama sin hacer. Sobre ella, presidía la habitación un crucifijo, único ornamento visible junto con una mesilla visiblemente desgastada por los años. Miró a través de la ventana abierta y sonrió: su hija estaba correteando alegremente al otro lado del cristal. Esnetafía, así se llamaba, jugaba alborozada junto al huerto. Acostumbraba a ayudar a su madre en las labores del hogar, pero Herminia, muy comprensiva, le había dicho: “Sal a jugar hija y disfrutar de este fabuloso día que nos dispensa el Señor ”.
Alisaba cariñosamente las sábanas y ya casi había acabado el precioso embozo cuando su mirada se posó en el cajón entreabierto de la mesilla. Allí sobresalía ligeramente un objeto resplandeciente. Se aproximó para observar más detenidamente aquel extraño. Comprobó con asombro que era incapaz de determinar su esencia. La curiosidad que la embargó era tal que, sin dudarlo un segundo, olvidó el respeto a la intimidad de su hija y abrió el cajón.
¡¿Qué era aquello?! Parecía un espárrago de los de la huerta. No había duda. ¡Pero que pedazo espárrago! Combinaba su forma con la robustez de una roca, el tamaño del brazo de un gitano y el peso de la Biblia que conservaban en el mueble del comedor. Asustada por semejante artilugio y sin querer imaginarse su verdadero propósito, empezó a balbucear: “Dios mío, no puede ser lo que parece! ¡¡¡MI NIÑA NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!! Las lágrimas brotaban de sus ojos. No podía contenerse.
Sosteniendo tan lascivo aparato entre las manos enjugado ya por las lágrimas, se sintió sucia y en un arrebato lo soltó. El espárrago cayó al suelo. Un golpe. Dos golpes. Tres golpes. Un silencio atronador. Comenzó a vibrar.
CONTINUARÁ…
NOTA DE LOS AUTORES: La historia que acaban de leer está basada en hechos reales. Los nombres han sido modificados y los personajes han sido convenientemente dramatizados para preservar su anonimato.
¡Yo tuve una vez una huerta con espárragos!
Si lees esto, ¡Carlos te quiero!
Fantástico, impresionante, delicioso, impactante, muy correcto, enorme!!!! WUWUWUWUWUWU!!!!!!! Toma esparragón de navarra!!
Solo vosotros habeis sabido plasmar los detalles de la vida cotidiana. Bravo. Espero impaciente las siguientes partes.
Anonima: quien coño es Carlos??
Creo que la confidencialidad prometida no se ha cumplido.. esto va a empezar a convertirse en un Salsa Rosa, y creo que los protagonistas cobran…